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El calderín de 24 litros de referencia
El formato clásico de garaje: suficiente reserva para herramienta intermitente y todavía movible por una persona. La mirilla de nivel de aceite es más útil de lo que parece: es lo que hace que el mantenimiento se haga.
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El calderín del compresor es la pieza que todo el mundo usa para comparar máquinas —«el de 50 litros», «el de 24»— y de la que casi nadie sabe qué hace exactamente. Los litros del depósito son la cifra más visible de la ficha y, curiosamente, la menos determinante: se puede tener un calderín grande y quedarse sin aire a los treinta segundos.
Lo que sí decide es la combinación de tres cosas: litros de reserva, caudal que la bomba es capaz de reponer y estado de la chapa por dentro. Esto último es lo que manda un compresor a la basura antes de tiempo, y se evita con una purga de treinta segundos. Vamos por partes.
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Para qué sirve de verdad el calderín del compresor
Hace tres trabajos a la vez y solo uno es el que la gente imagina.
Uno: es una reserva. Guarda aire comprimido para que la herramienta pueda pedir un pico muy por encima de lo que la bomba produce. Una clavadora pide mucho aire durante una décima de segundo y nada durante dos segundos; el calderín absorbe esa diferencia.
Dos: separa el ciclo del motor. El presostato arranca el motor cuando la presión baja de un umbral —típicamente alrededor de 6 bar— y lo para cuando llega al de corte, en torno a 8. Cuanto más grande es el depósito, menos veces arranca el motor por hora, y los arranques son lo que desgasta.
Tres, y este es el olvidado: es el primer secador de la instalación. El aire sale de la bomba caliente y cargado de humedad; al enfriarse dentro del depósito, esa humedad se condensa y cae al fondo en forma de agua. Por eso hay un grifo abajo. Y por eso el calderín se oxida por dentro.
Litros: qué cambia de verdad entre 6, 24, 50 y 100
De 6 a 10 litros
Reserva mínima. Sirve para inflar, soplar, clavar y grapar, es decir, para todo lo que consume a golpes. El motor arranca a menudo y eso es normal, no un defecto. Su ventaja real es que se transporta con una mano.
Calderín pequeño, caudal decente
Fíjate en la relación: menos depósito que el de 24 litros y más caudal declarado. Es exactamente el motivo por el que los litros solos no dicen nada.
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De 24 a 30 litros
El tamaño que casi nadie lamenta. Aguanta cualquier herramienta de golpe sin que el motor se vuelva loco y ya permite trabajos cortos de consumo continuo, como una pistola de retoque. Sigue cabiendo en un rincón y sigue subiendo por unas escaleras.
50 litros
Es la frontera entre el bricolaje y el taller pequeño. Con 50 litros y un caudal decente ya se sostiene una pistola de pintar en piezas medianas y se trabaja con llave de impacto sin esperar entre tuerca y tuerca. Está desarrollado en la guía del compresor de aire de 50 litros.
100 litros y más
Aquí ya no se compra reserva: se compra la bomba que va encima, que suele ser de dos cilindros y transmisión por correa. La reserva grande solo tiene sentido si detrás hay un grupo capaz de rellenarla. Cuándo compensa ese salto está en la guía del compresor de aire de 100 litros.
La purga: treinta segundos que deciden la vida del depósito
En el fondo del calderín hay un grifo o una válvula de bola. Ese grifo existe porque el agua condensada se acumula ahí, y el agua sobre chapa de acero solo puede hacer una cosa.
La rutina correcta es abrirlo al terminar cada sesión, con el depósito aún con algo de presión —el propio aire empuja el agua fuera— y el compresor desenchufado. Sale un chorro turbio, mezcla de agua, aceite y óxido, y cuando sale limpio se cierra. Si nunca lo has hecho y el compresor tiene años, prepárate para lo que salga.
Los efectos de no purgar son dos y ninguno es dramático el primer día: el volumen útil baja, porque el agua ocupa el sitio del aire, y la chapa se corroe desde dentro, que es donde no se ve.
El óxido: por qué un calderín no dura para siempre
Un depósito a presión es un recipiente de chapa fina sometido a ciclos de carga. Mientras la pared conserva su espesor, el margen de seguridad es enorme. La corrosión interna se lo come poco a poco y siempre por el mismo sitio: la parte baja, donde se queda el agua.
De ahí salen tres reglas que no se negocian:
- Un calderín no se suelda. Ni se parchea, ni se lija por fuera para tapar un poro. Es un recipiente a presión; si pierde por corrosión, se sustituye el equipo.
- La válvula de seguridad no es decorativa. Es lo que impide que el depósito trabaje por encima de su presión de diseño si el presostato falla. Se comprueba tirando de la anilla de vez en cuando.
- La placa manda. Presión máxima y volumen están grabados en la chapa. Ningún ajuste del presostato puede saltarse esa cifra.
Vertical u horizontal, y dónde ponerlo
El vertical ocupa menos suelo y es lo lógico en un garaje con coche dentro; el horizontal es más estable y se mueve mejor con ruedas. En cuanto al agua, el vertical tiene una ventaja pequeña: la purga queda en el punto más bajo y evacua mejor.
Donde sí hay diferencia es en el sitio. Un compresor pegado a la pared en un rincón cerrado aspira su propio aire caliente y el condensado empeora. Necesita espacio alrededor y aire fresco para aspirar; si además lo tienes sobre una tarima o unas gomas, el ruido transmitido a la casa baja bastante.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos litros de calderín necesito?
Depende del tipo de consumo, no del trabajo. Para todo lo que consume a golpes —inflar, soplar, clavar, grapar— con 6 a 24 litros vas servido. Para consumo continuo —pintar, lijar, amolar, chorrear— la reserva no te salva: ahí manda el caudal que repone la bomba, y por eso se salta a 50 o 100 litros con un grupo mayor encima.
¿Cada cuánto hay que purgar el calderín?
Al final de cada sesión de trabajo, y como mínimo una vez al mes aunque no lo hayas usado. En verano y en zonas húmedas sale muchísima más agua que en invierno; no es un fallo, es física.
¿Se puede cambiar el calderín de un compresor?
Técnicamente existen depósitos de recambio, pero en el tramo doméstico casi nunca compensa: entre la pieza y el trabajo se va el valor del equipo entero. Si el depósito está corroído, el compresor ha terminado su vida útil.
¿Por qué mi compresor no llega a la presión de la ficha?
Las causas habituales, por orden: fuga en un racor o en la manguera (jabón y a buscar burbujas), válvula antirretorno sucia, presostato descalibrado o segmentos gastados si tiene muchos años. Un depósito que nunca llega al corte y un motor que no para nunca es el síntoma clásico de fuga, no de bomba muerta.
¿Es normal que el calderín se caliente?
Que esté tibio, sí, sobre todo la zona cercana a la salida de la bomba. Lo que no es normal es que queme al tacto o que el motor pare por térmico: eso indica ciclo continuo por consumo excesivo, ventilación insuficiente o aceite en mal estado.
¿Ya sabes qué reserva necesitas? Si vas a trabajar con herramienta de consumo continuo, mira antes el compresor de aire profesional y de taller, y compara el resto de fichas en la sección de compresores de aire.
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